Magic Piscinero: Orígenes

Gorgeus encendió una vela, que iluminó su decrépito estudio. De pronto, se dio cuenta de la cruda realidad: no había artefactos mágicos arcanos en sus estantes, su mesa no estaba copada de pergaminos como las de tantos otros. Desde que Sorin Markov había aterrizado de nuevo en el multiverso y Liliana había extendido sus áreas de influencia, había visto reducido su ratio de acción a pequeños planos alejados de donde de verdad se jugaba el poder.

Pero el maná negro no necesitaba líderes, sólo magos dispuestos a controlarlos. Fue por eso que huyó a esos planos alejados, en busca de nuevas fuentes de maná y nuevos conjuros con los que rellenar su anticuada y ridícula biblioteca de conjuros: apenas unos tomos raídos quedaban en sus estantes. Suspiró para sí al recordar lo bien que había empezado todo: en aquellos planos alejados ningún mago podía hacer frente a sus hechizos, que tan ridículamente habían sido derrotados por grandes planeswalkers, como Jace Beleren o los propios Sorin y Liliana. Nadie podia escapar de su control negro… esa biblioteca tan anticuada, de libros raídos, encontrados entre los restos, que ningún vendedor de Dominaria le compraría.

“Demasiado baratos, inútiles” le decían. Baratos… se dijo, durante siglos, mientras fraguaba su venganza.

Nadie pudo hacerle frente… ¿nadie? Nadie. El problema llegó con el primer torneo de la franja exterior del multiverso. Un torneo para magos vagabundos que vivían en estudios y bibliotecas cochambrosas como las suyas, nada de grandes señores. Alguien se inscribió con su nombre y para cuando llegó a su estudio, alguien había usurpado su biblioteca.

Al llegar al evento se encontró con que el mago Urur’koru (oriundo de algún plano desconocido) estaba usando sus propios conjuros mejor que él mismo, consiguiendo el reconocimiento de mejor mago vagabundo (y arruinado) del multiverso. Gorgeus siguió rebuscando en diferentes planos para encontrar más y más libros de hechizos, fue a los bazares más decantes de Rávnica, Kamigawa, Dominaria, Mirrodin, Alara… e incluso Lórwyn. Por todos ellos habían pasado otros magos igual de anónimos que él, con los que se fue cruzando en otros torneos: Daego, Lulper, Omrar… e incluso el escurridizo Nimref, autoproclamado “el mago combo”.

Los torneos y duelos se sucedieron, y unos y otros se fueron sucediendo en la supremacía de ese grupo, concilio, de magos de escasos bienes que usaban antiguas bibliotecas abandonadas por el tiempo con el afán de hacerse un hueco en el multiverso a poco coste, más allá de las fortunas sobrehumanas que magos como Tezzeret o el propio Nicol Bolas (tirano de planos) habían acumulado durante siglos de existencia.

Poco tardarían, se dijo Gorgeus, en ser guiados por el nuevo líder (él mismo, al ganar en la noche del maná negro, donde su dominio era mayor que el de el resto de magos) a los planos más importantes del multiverso, para conquistarlos de una vez por todas.

Y la verdad es que lo que empezó como una pequeña coalición entre Lulper (el mago del maná destructor de fuentes de maná, del relámpago rápido), Ormar (el invocador de hordas), Daego (el mago archienemigo del maná de las montañas), Uosjo (el chamán de los hechizos más enigmáticos), Nimref (el mago combo, de recientes progresos) y el propio Gorgeus (llamado el “hacedor de bibliotecas”, “el conjurador experto”), se ha ido extendiendo, atrayendo cada vez más ansiosos por probar sus poderes contra los magos más conocidos del multiverso.

¿Acudirás a su llamada?

Fdo.: Nimref, el mago combo

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